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Necesidades compensatorias, todos las tenemos, pero ¿cómo las gestionamos?

Son aquellas necesidades que buscamos satisfacer y en casos extremos nos autoimponemos. Creemos que con ellas nuestro malestar desaparecerá, pero son meros parches.


Surgen de un malestar y de unas necesidades no satisfechas. De deseos frustrados, a menudo vinculados a necesidades afectivas, falta de confianza, autoestima o ámbitos en los que no nos sentimos realizados. Es decir, a situaciones de insatisfacción personal y emocional.

Podemos citar como ejemplos el ir de compras, a la peluquería o hincharnos a comer dulce cuando estamos tristes o algo no va bien. 


Cuando nada es suficiente, cambiamos constantemente los muebles de casa, de coche, la ropa del armario, o necesitamos tener lo último en tecnología para crearnos una autoimagen más ideal, para creernos una abundancia que sólo es material y no personal. Y que nuestra sociedad consumista se encarga de alimentar. Un ejemplo es la típica imagen de una chica comiendo helado de chocolate o hartándose de dulces tras una decepción amorosa, cuando algo no va bien.



Y no digo que mimarse, o tener ambiciones y metas no sea bueno. Sólo que si se manifiestan en exceso o sustituyen a modo de parches nuestras necesidades y/o carencias emocionales no son sanas.


A veces quererse no consiste en eso. Y deberíamos cuidarnos más a nivel emocional, conocernos mejor y realizar un trabajo personal. Porque cuidarnos es vivir felices con menos pero con una mejor calidad de vida. Es cambiar ese aspecto de nuestra vida que no nos llena.. ya sea un trabajo, una relación familiar, pareja, etc.



Es importante que eduquemos a nuestros/as menores en una gestión emocional positiva, para que desde pequeños/as sepan manejar las frustraciones, controlen impulsos y tengan habilidades sociales que refuercen su autoimagen y autoestima.


Los tratamientos y reeducaciones dirigidos a proporcionar hábitos de alimentación saludables son otra herramienta importante, que ayudan a identificar estados de ansiedad y diferenciarlos de otras sensaciones como el hambre. Rompiendo la asociación entre ansiedad y el comer como forma de saciar dicha ansiedad.


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